27 años no han bastado para sanar la herida que dejó la tragedia ocurrida el 19 de noviembre de 1984, en San Juan Ixhuatepec, colonia mejor conocida como San Juanico, en el estado de México, donde una explosión marcó con dolor y muerte la memoria de la población que hasta el día de hoy resiente los estragos
Al cuarto para las seis de la mañana, un violento estruendo atrajo la atención de los pobladores de San Juanico. El primer pensamiento casi fue unánime: 'Pemex está explotando. Seis esferas gigantes de la planta de Petróleos Mexicanos (Pemex) que almacenaban combustible destruyeron gran parte de la comunidad de San Juanico.
El caos, el miedo, el desconcierto y las espeluznantes escenas inmediatamente se apoderaron del ambiente: ríos de gente que huía de la zona cercana a las instalaciones de la paraestatal.
Personas desnudas corrían por las calles; otras con el cuerpo encendido por las llamas se arrojaban al canal de aguas negras que cruza por la colonia.
Uno de los vecinos recuerda: "La gente iba agarrándose de la pared y se quedaba la carne en la pared; los pies se quedaban, las marcas ahí en la calle".
Los autos particulares y transporte público trasladaban a la gente sin cobrarles nada hasta la parada del Metro Indios Verdes u otro lugar que estuviera alejado de la catástrofe.
La catástrofe fue debida a la rotura de una tubería de 20 cms de diámetro que trasegaba GLP desde tres refinerías distintas hasta la planta de almacenamiento cerca de los parques de tanques, compuestos de 6 esferas y 48 cilindros de diferentes capacidades. En el momento del desastre se hallaban almacenadas en total unas 6.500 Tm de butano y propano principalmente. El sobrellenado de uno de estos depósitos y la sobrepresión de la línea de retorno, sumado al mal funcionamiento de las válvulas de alivio, provocó el reventamiento del gaseoducto y la formación de una nube de vapor inflamable que, en contacto con algún punto caliente, como pudo ser alguna antorcha encendida a ras del suelo, entró en ignición, dando comienzo a una serie de tremendas explosiones en cadena sentidas incluso por los sismógrafos de la Universidad de Ciudad de México, a 30 kms de distancia. Esto generó un descomunal incendio con llamaradas de más de 300 mts de altura y una radiación térmica tal que sólo el 2% de los cadáveres encontrados pudieron ser reconocidos.
Unas 20 hectáreas de superficie resultaron afectadas por la explosión y la radiación, pereciendo en la catástrofe unas 600 personas, según fuentes oficiales, y resultando heridas otras 2.500. No obstante, hay quienes piensan que la cifra real de muertos nunca llegará a saberse, teniendo en cuenta que muchos cuerpos quedaron reducidos a cenizas y que muchos de ellos no serían reclamados.
La tragedia de San Juanico será recordada siempre por sus espeluznantes efectos sobre la población: numerosas viviendas quedaron arrasadas, familias enteras resultaron calcinadas mientras dormían, 350.000 personas, de una población de 700.000, tuvieron que ser inmediatamente evacuadas, un número indeterminado de desaparecidos... La explosión de toda la instalación de PEMEX, incluyendo 80.000 barriles de gas, dejó un cráter equivalente a 4 estadios de fútbol.
Sobre el lugar de la tragedia, se construyó un parque, el jardín Hidalgo, a quien los habitantes han llamado "la plaza de los muertos".
Un parque cuyo olor a gas es casi permanente.
Dos años después de aquella tragedia, el 21 de noviembre de 1986, el ex presidente Miguel de la Madrid publicó en el Diario Oficial de la Federación un decreto que ordenaba la salida de las empresas gaseras de San Juanico, sin embargo, seis empresas gaseras y Pemex aún continúan ahí, poniendo en riesgo a más de 240 mil habitantes.